Agrega siempre demencia a tus pasiones

Yo

Me encuentro en la espesura de unas dunas surreales, su grisáceo color es agravado por la oscura luz que brota de cada rincón posible en este espacio…Las cosas se van tergiversando poco a poco y a medida que avanzo, dando pasos seguros pero invidentes (sin saber qué esperar) las cosas empiezan a brillar un poco, cada objeto comienza a poseer un rayo de vida propio que lo hace distinto al otro, y al otro, y al otro, y al…Miro a los ojos de aquella dama ojeroza, y le digo que no la amo, que no la odio, que no la quiero, que no la ignoro. Recuerdo la soberbia encarnada, nueve letras que no quiero recordar vienen a mi mente, y entonces decido correr para poder dejar atrás todo lo que me ha agobiado, pero las dunas van creciendo, la luz empieza a apagarse, ya no veo nada, ¡ya no veo los objetos!, pero sí siento. Puedo sentir el odio, la humillación, la ignorancia, la indiferencia, las habladurías, el rencor, la miseria, y deseo con todas las fuerzas que me han sido otorgadas por el cosmos poder escapar de aquel mundo de idioteces adictivas…Sé muy bien que no saldré si sigo corriendo en la misma dirección, quizás tenga que volar, quizás tenga que hundirme en el suelo, en la arena, quizás tenga que nadar y ahogarme en lágrimas de sangre para poder ver (y vivir) eso que tanto anhelo.

Pero de repente todo empieza a jactarme, me aburro de las letras, de las musas, me aburro de la escuela, odio a los maestros, “¡Rebelión!”, pienso, sabiendo que no es más que eso: un pensamiento…”¿Fracaso?”, ya dejen de gritar fracaso, no conozco la palabra, no es una opción aplicable en mi vida de prófugo de la vida. Quiero gritar que no me importa, que no me importan, que no me importas, que me vale, pero no puedo, algo tapa mi boca…, las manos de la sociedad atan mis labios, cortan mi lengua, tragan mis palabras antes de que puedan ser siquiera fabricadas en mi fruto prohibido personal. Empiezo a mirar con rencor al mundo, pero en cuestión de milésimas me percato de que no vale la pena, así que aclaro mi mirada, camino herguido y sonrío (sin dificultad, es algo natural), decido ignorar todo aquello que me hiere, pero aún sigo sumergido en las dunas negras, no he encontrado la escalera, o el túnel, o el barco, o la nave…

Bla bla bla bla bla bla, habladurías, habladurías que ya no significan nada, y no es odio, rechazo lo negativo, es simplemente ley natural: dejar atrás el pasado, caminar hacia el futuro, ¿cómo?, no sé, no pretendo sonar sabio, no pretendo ser el ser más sabio (¡no pretendo pretender serlo!), no me interesa sonar interesante, no me interesa ser visto, escuchado, leído y admirado, no me importa que me alaben, que los profesores me vean y digan “Ese muchacho, ese muchacho” con una sonrisa encantada en sus rostros llenos de gestos de experiencia, tampoco que al caminar las mujeres giren su mirada y suspiren imaginando sus labios contra los míos, ni que pase desapercibido o envidiado ante los hombres que no conozco (y ante los que conozco)…Y no es por sonar apartado, rechazado, olvidado, ¡NO! (EL UNIVERSO ME LIBRE DE TAL DESGRACIA), porque confío en mis capacidades, en todo lo que soy y lo que valgo, así que soy capaz de comprender que las cosas deben ser hechas por bienestar propio, más nunca por admiración, ésta es sólo una pobre ilución que aliena almas vacías, quebradas, verdaderamente apartadas, rechazadas y olvidadas.

Bueno, quizás haya avivado un poco el presentimiento de alejamiento, pero no importa, porque justo ahora no quiero (no puedo) pensar en lo que piensa el mundo, si lo hiciera, estaría loco (para hacerlo Y por hacerlo).

Las dunas empiezan a suavizarse, una vaga luz comienza a asomarse entre unas nubes blancas que jamás había percibido, el brillo de cada objeto comienza a revivir mientras que el aire sopla sin vergüenza (¡sinvergüenza!) y atraviesa mi cuerpo, quema mi piel, y recuerdo “Agrega siempre demencia a tus pasiones, no vaya a ser que olvides lo que es realmente la vida…, lo que es vivir”, sólo entonces una sonrisa que no pesa nada se dibuja entre mis labios, y puedo ser feliz.

Santiago Restrepo Castillo


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