Aplicaciones de la filosofía en el siglo XXI

Este es un artículo que escribí para la revista de la Universidad Pontificia Bolivariana, un poco extenso pero interesante…

La filosofía es la madre de todas las ciencias, es la más hermosa entre las divinidades de carácter colectivo del saber humano; a partir de esta disciplina, que significa “amor por la sabiduría”, nace todo deseo de, precisamente, saber, de entender el mundo, de descubrir lo nuevo, de resolver los problemas ante los cuales la humanidad se desvela, sin ella no habría matemática (ni geometría, ni estadística), ni ciencias sociales (políticas, económicas, culturales, etc.), no existiría el estudio detallado del lenguaje, ni habría ética (y, por ende, leyes para regular la estabilidad social), y creo que sin aquellas piedras angulares del conocimiento y del equilibrio de una civilización desarrollada, la vida sería muy diferente de como la conocemos. La filosofía es, en conclusión, el producto del hecho de que el ser humano sea un ente inteligente y consciente de su existencia, capaz de pensar más allá de la supervivencia para adentrarse en los mundos impalpables del conocimiento y la consciencia.

Pero sucede algo bastante particular, y es que la sociedad ha llegado a pensar en incontables ocasiones que la importancia de la filosofía es función de la época, y a más avanzada sea la misma, menor será el factor dependiente; es decir, con el paso del tiempo la madre de todas las ciencias va perdiendo su clásico rol de alta significación en el conocimiento y desarrollo humanos, pasando a un segundo (o tercer) plano de muy poca o nula relevancia. Para apoyar esta teoría puedo dar varios ejemplos: cuando alguien dice que va a estudiar filosofía en la universidad, se le trata de loco, de imbécil, de persona que no tiene ni la menor del idea del mundo en el que está parado y cuyo único futuro es, cuando mucho, ser profesor de dicha materia en un colegio cualquiera (si es que no termina en la calle, que es lo que pueden llegar a discurrir algunos), y los padres de dicho “loco” pueden inclusive alcanzar el extremo de rogarle a su hijo por que estudie administración de empresas, aunque sea; otro ejemplo es lo relevante que es para muchos estudiantes la materia “filosofía” en el bachillerato: muchos la ven simplemente como relleno, algo que se es enseñado porque eso dice el ministerio de educación y punto, o sea que realmente no hay una razón de fondo, al parecer no importa tener acceso a los pensamientos de personajes icónicos de los albores del saber humano, ni poder moldear la mente para pensar, criticar, divagar, resolver, no importa leer y entender lo que creían las mentes más grandes de milenios pasados inclusive a Cristo, ni aprender a ver los problemas de la vida siempre desde un número cuasi-infinito de perspectivas, ni comprender la cultura del saber, ni el amor por la sabiduría poder apropiarlo, ni todo ello por lo que se construyó la sociedad como la conocemos ser capaces de entenderlo…¿¡cómo no va a importar todo esto!?, si es precisamente por ello que la civilización puede seguir evolucionando.

Como contraposición poderosa, se puede creer que no es precisamente la filosofía la que(actualmente, en plenos inicios del siglo XXI) nos da los avances, sino que son los científicos de laboratorios extranjeros y los conocimientos acumulados en áreas del saber como la matemática, la medicina, la electrónica, el diseño de sofware, etc., pero todas esas ramas de la ciencia, nacieron de la ciencia por excelencia: la filosofía, y sólo de ella, sólo por pensar y buscar incansablemente soluciones se puede alcanzar el progreso.

¿Qué aplicaciones útiles podríamos encontrarle entonces a la filosofía, de manera directa, en el siglo XXI? Se suele pensar que el filósofo es un ser solitario, marginado de la sociedad y sin ningún tipo de influencia sobre ella, pero de hecho, todo ser humano es filósofo por naturaleza, todos manejamos nuestras propias opiniones en cuanto a los problemas principales de la filosofía, la diferencia entre el verdadero pensador y el que no sabe siquiera que también piensa, es que el primero sabe defender sus opiniones frente a un tema en concreto, y puede establecer un debate, si quiere, sin problema alguno, en cambio el otro tipo de pseudo-filósofo se dedica a simplemente decir “¡No creo en Dios!”, pero a la hora de decir el porqué, no hace más que balbucear y proferir un sinfín de habladurías heréticas del conocimiento.

Actualmente el mundo se encuentra en la era de mayor diversidad de pensamientos (corrientes religiosas, éticas, económicas, sociales, y un largo etcétera) de toda la historia, esto debido, en gran parte, a que la libertad es ahora un derecho fundamental que debe ser respetado sin importar cuanta autoridad crea tener el estado, gobierno o monarquía que comande a un determinado pueblo; así que si, por ejemplo, en la Ciudad del Vaticano hay un grupo que cree en el Diablo y lo adora como a su dios, no hay nada que el Papa ni su ejército de sacerdotes puedan hacer para impedirlo, no pueden mandarlos a matar, no pueden obligarlos a creern en Jesús y en la Virgen María, no pueden obligarlos a ir a misa ni a rezar cinco rosarios al día, no, no pueden; lo único que pueden hacer es humillar socialmente a dicho grupo, ¿cómo?, pues con discursos filosóficos, dando sus opiniones acerca del tema y defendiéndolas, y esto queridos lectores no es otra cosa que filosofía. Del mismo modo, el grupo satánico podría apoyar fuertemente sus opiniones aplicando dicha ciencia.

Para ejemplificar de una mejor manera lo importante que sigue siendo la filosofía en la actualidad, narro una experiencia personal: leyendo “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, pude ver varias críticas sociales que bien las pueden hacer muchas personas, pero no todas pueden defenderlas y hacer, además, que otros se unan a esas opiniones (es por esto que se dan los movimientos filosóficos, su fundador defiende de una manera tan ávida y hábil sus proposiciones, que resulta difícil no terminar pensando de manera similar); una de las conclusiones a las que pude llegar fue a la siguiente:

“Actualmente estamos avanzando a un ritmo lo suficientemente vertiginoso como para darnos cuenta de que no todos los descubrimientos científicos pueden ser desvelados ante la luz pública, más bien deben ser reservados para las altas esferas de poder, eso, solo los afortunados, porque hay otros avances que por el bien de la estabilidad social deben ser dejados en la penumbra, para perderse para siempre, o ser rescatados por una civilización futura, más adelantada y menos encadenada a sus propios sistemas de regulación.”

Eso viene siendo una proposición filosófica que se refiere al campo científico y social de la civilización, ¿cómo podría yo, entonces, convencer de que aquella opinión no es sólo eso, sino un axioma?, ¿cómo podría otorgarle la severidad necesaria para que deje de ser tan solo una forma de ver las cosas?, simple (en sentido figurado), con filosofía.

A partir de aquellos casos, podemos inferir que esta ciencia es útil hoy, y será útil siempre, pues son los filósofos los que se encargan no solo de hallar los problemas del hombre contemporáneo, sus límites en cuanto a “simplemente” TODO, sus expectativas, lo que busca, lo que espera; los maestros del amor por la sabiduría no sólo se ven confrontados con el hecho de tener que dar soluciones y anticipar consecuencias en el plano existencial en el que son y se mueven, sino que también marcan caminos, delimitan, moldean las barreras de una sociedad, van más allá de su mantenimiento y se mueven a su evolución (de la estática a la dinámica), siempre en busca de la verdad, la cual buscan ofrecer y hacer verídica, y aceptada, y para esto deben ser capaces de apoyarla con más filosofía, con más pensar, con más divagar, sí, así es, con más locura, con más “no tener idea del mundo en el que se está parado” (aunque, con este desarrollo de ideas, se concluye que un filósofo es, de hecho, el que MÁS sabe del mundo en el que está parado).

Cabe aclarar que toda esta mezcla de pensamientos y saberes no le sirven sólo al político para avivar su campaña o al abogado para ganar su caso, sino al pensador (que bien puede ser un médico, un científico, un matemático, un ingeniero, un maestro, o hasta un barrendero) que haciendo lo que sabe, más un poco de filosofía, logra cambiar el mundo.

Por eso, es importante la filosofía en el siglo XXI (y en cualquier siglo, milenio y eon), porque con ella podemos modificar el rumbo de la historia.

Santiago Restrepo Castillo – 11.04º


About this entry