¿De traje de gala?…¡JA!

Era la mañana del martes 16 de Agosto del 2011, ese día tendría un simulacro de entrevista universitaria. Hace rato se lo había comentado a mi mamá, quien sin muchos rodeos me había dicho que lo más adecuado era ir vestido como yo normalmente lo hacía cuando salía o así: jeans, camiseta, zapatos o tenis (pero limpios), etc. Mis hermanos universitarios pensaron lo mismo, ninguno de ellos había ido de una manera demasiado pomposa y pretenciosa a su entrevista universitaria.

En fin, me vestí con una camiseta a rayas, un jean blanco y unos tenis Converse. Cuando me subí al bus escolar empecé a sentir pánico (de que yo fuera el único de ropa ese día), no me quedó más que sentarme y hacer fuerza por que otros alumnos de 11º también fueran vestidos normalmente.

Al llegar al colegio, vi por la ventanilla que absolutamente NADIE estaba usando otra cosa que no fuese uniforme, me bajé algo nervioso y en lugar de cruzar el hall hacia mi salón me senté en un muro a ver si alguien llegaba vestido de la manera en la que yo lo había hecho.

Después de un minuto o dos, llegó uno de mi grado usando traje de gala (con saco y todo)…sabía que él se presentaría a medicina, quizás ellos sí tenían que ir vestidos así a la entrevista…bueno bueno, no había problema, fui hasta mi salón…pero a medida que avanzaba, notaba que muchos ojos se posaban en mí y decían cosas como “vean a este”, por lo que fue inevitable caminar lo más veloz posible hasta la puerta que quería cruzar.

Al llegar, noté que la mayoría usaban pantalones elegantes y camisas de botones (y elegantes), ah, y zapatos negros, pulidos (y elegantes)…pero sólo habían llegado cinco, así que todavía había una gran posibilidad de que muchos nos presentáramos sin nada de falsedades.

Mis compañeros continuaron llegando, y continuaron, y continuaron, todos siguiendo el mismo patrón ya mencionado (elegancia), me empecé a sentir incómodo y me di cuenta, finalmente, de que yo había sido de los únicos tres estudiantes que nos habíamos presentando de jean, y de que yo había sido el único que había decidido usar uno blanco y desteñido, además de un par de tennis Converse y una camiseta informal; la directora de grupo, inclusive, me llamó la atención personalmente por aquel hecho.

Como sea, en la entrevista me fue relativamente bien, la encargada me hizo saber que ir de tenis y jean no era lo más adecuado, y que había que ser puntuales (esto si fue mi error, llegué media hora tarde por haber pensado que me tocaba en la oficina de psicoorientación y no en la oficina de coordinación de psicoorientación).

Al comentar tal suceso con mi madre, ésta me dijo que le parecía una ridiculez (perspectiva que comparto), ¿por qué debíamos ir todos de cachaco a una entrevista que, además de ser tan sólo un simulacro, era universitaria?, ¿debíamos acaso fingir ser algo que no somos en realidad?, ¿PARA QUÉ ir tan elegantemente si cuando seamos recibidos, nos vestiremos como se nos de la gana?, resulta ilógico, falto de sentido. Si la idea es dar una buena primera impresión, ¿no bastaría con un curriculum de notas y otras actividades, excelente, una buena actitud y una buena capacidad de expresión?, me parece que lo único que se logra a partir de esa directriz de ir vestido de gala a una entrevista universitaria (¡POR DIOS!), es no más que seguir uniformando algo que pide a gritos (al menos en mi caso) que lo dejen manejar su propio cuerpo (estoy hablando de los estudiantes bachilleres y el uso obligatorio de uniformes).

Me da tanta ira, y es que no soporto que un aquelarre pedante de intelectuales digan que si el muchachito ese no va de cachaco, es porque no le interesa, hay más en la vida que tan sólo apariencias, y si yo voy a entrar a una universidad (y sé que a muchos les parecerá terco), no será por ir despampanantemente elegante a la entrevista, ni porque mi papá sea Senior Técnico de una multinacional y tenga buenos ingresos, ni porque mis dos hermanos estén en U privada y mi hermana y yo nos graduemos de colegios privados, ¡ni porque viva en el Poblado y (según lo que me veo disque obligado a decir) mi relación con quienes viven conmigo sea excelente!, ni porque sea un pedante intelectual que se mofa de sus logros (que el Universo me libre de tal desgracia), ¡por nada de eso!, uych…Cuando entre a una universidad, será porque fui una persona que se esmeró honradamente por alcanzar las metas que pudo plasmar en esa hoja de vida que se vio obligada a presentar y que, además, tuvo la confianza suficiente como para tener bien en claro que no había razón por la que no fuese recibido.

Santiago Restrepo Castillo


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