¿Por qué ganarse una mención de honor, y rechazarla?

Se ve hasta bonito ese cartón

Una jornada como cualquier otra, llegó una especie de encuesta a los salones, en la cual pedían que escribiéramos quiénes pensábamos que merecían ser los mejores bachilleres de la promoción 2011…Esto me puso a pensar un poco, ¿para qué tanto prestigio?, ¿de qué sirve tanta ostentosidad?, ¿cuán útil puede resultar tener un cartón que diga “…hace especial reconocimiento a <nombre> por sus excelentes promedios a lo largo del año escolar” (o algo así)?…¿para que la gente nos admire?, ¿para sentirnos bien con nosotros mismos?, ¿para ver que todo nuestro esfuerzo efectivamente dio cosecha (un cartón y un montón de aplausos)?, ¿para sentir que le ganamos a cientos de jóvenes que, como nosotros, buscan tener éxito en la vida?, ¿para sentir que haber ganado dicho cartón nos asegura un futuro brillante, diferente del de los que no?…¿para que los profesores, que son el amigo más FALSO que se puede tener en esta vida, nos sonrían, estrechen la mano y digan “muy bien”, tras haber gozado de un largo proceso en el que pudieron juzgarnos y posicionarnos (a todos) por medio de números y códigos del 1290?…¿Para demostrarle a todos los que algún día pensaron que no podíamos, que efectivamente sí pudimos?…¿Y si no hubiera nadie para ver nuestro “éxito”, igual recibiríamos aquel cartón con tinta?, ¿nos sentiríamos del mismo modo si no hubiera nadie en aquel evento para vernos subir a la tarima y recibir un pomposo diploma que constata nuestra superioridad mientras nos aplauden, que si hubiera mucha gente?…etc., etc.

Fueron muchas más las preguntas que me hice, ¿las razones?…puede ser frustración, lo acepto, seguramente no estaría pensando así si ya me sintiera como uno de los mejores bachilleres, probablemente estaría orgulloso (y cómo no), y estaría diciendo que debemos esforzarnos día a día para no ser mediocres, bla bla bla…

A todo esto, ¿por qué ganarse una mención de honor, y rechazarla?, porque, para mí, el crédito es un abstracto, una ilusión, y no vale la pena basar un proyecto de vida en esa fugacidad. No quiero ser parte de ese juego tonto de la estratificación intelectual, humildemente comprendo que no merezco tal cosa como una “mención de honor” por el simple hecho de haber obtenido puros cuatros (más o menos) en un boletín de calificaciones. HONOR no es una palabra para eso, más bien deberían entregar credenciales de responsabilidad, o qué sé yo.

Una definición algo pobre de honor (y que es, al parecer, la que se usa en los colegios) dice que es una cualidad que lleva a una persona a comportarse de acuerdo con las normas sociales y morales que se consideran apropiadas…la cosa es que yo no quiero ser esa persona. Se puede ser inteligente y responsable, más no dejarse lavar el cerebro por el montón de normas que imponen las instituciones educativas, como si tuvieran el puto poder (como otorgado por…algún dios) de decirle qué hacer a los demás, ¡claro!, eso le gusta a todo el mundo, ¡MANDAR!

Yo no quiero recibir nada que eternalice que algún día fui el jovencito obediente que cumplió con todas las expectativas de gente que sólo lo estima y respeta a uno por sacar buenas notas en un colegio, llevar un corte clásico, una correa, no expresar su personalidad físicamente y hablar decentemente.

En conclusión, para mí no es tan importante todo eso de las notas, es bueno sacarlas altas, y obviamente es provechoso hacerlo, pero de ahí a que me suban a una tarima para decirle al mundo que lo hice, para gritar “ve, soy un buen estudiante…¡quiérame?”…como que no es lo mío.

Santiago Restrepo Castillo


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