Una terrible carta de despedida

Por ti estaba dispuesto a entregar mucho (si es que no era todo), estaba dispuesto a sacrificar gran parte de mi tiempo, o mejor, a dejar de usarlo en el egoísmo con tal de hacerte feliz, aunque fuese sólo un poco. Yo estaba dispuesto a deshacerme de mis paradigmas, dispuesto a amar como si jamás me hubiesen herido, dispuesto a hacerte sonreír sacando el payaso (algo trágico) que llevo dentro…estaba dispuesto a regalarte mis besos, mis abrazos, estaba dispuesto a compartir todo lo que soy, sólo contigo.

Yo estaba dispuesto a sufrir un poco por ti, inclusive…llorar (aunque te confieso que estoy seguro de que eso no tardará mucho). Estaba dispuesto a no dormir ocho horas al día y, en una que otra ocasión, a no entrenar por estar contigo…y a comer a deshoras por estar contigo, y a llegar tarde a casa por estar contigo, y a dejar de lado mi estilo de vida egocéntrico, hedonista y perfeccionista, ¡por estar contigo!; porque estaba seguro, por completo, sin espacio alguno para la duda, de que yo sería capaz de amarte esperando a cambio nada más que una noble sonrisa.

Yo estaba dispuesto a arriesgarme por ti, contigo…dispuesto a arriesgarme a parecer intenso y mandarte mensajes todas las noches sin importar que mi mamá, a fin de mes, pegara el grito en el cielo y me preguntara sin descanso “¿A quién le mandas tantos mensajes?”. Estaba dispuesto a deshacerme un poco de mí mismo, sólo por hacerte feliz. Estaba dispuesto a dividirme, ¡por ti!

A mí ya no me importaba mi pasado, yo ya no sufría por quienes me habían hecho daño, no derramaba ni una gota por quienes conmigo habían jugado…a mí sólo me importaba usted…pero tristemente eso no fue capaz de verlo.

Si a veces no le hablaba, era por no parecer intenso, y por darle su espacio…Aunque también, debo confesarlo, por saber si usted sentía algo por mí…por saber si se decidía, algún día, a saludarme e interesarse por mi vida en lugar de estar siempre en la suya, hablando de sus tormentos, depresiones y trastornos…y todo lo demás, que no lo dejó ver todo lo que yo estaba dispuesto a entregarle. Y sí, soy algo dramático, confieso que es una de las características que más me gustan de mí mismo, puedo sentirlo todo al rojo vivo, y lo mejor, sin miedo (distíngase “saber que se va a sufrir” de “tener miedo”).

Y yo sé, perfectamente, que seguirá encerrado en su burbuja. Sé que esto alimentará su ego en forma tardía (o veloz), y que será una razón más para seguir su patrón ególatra…créame, me duele, aunque como siempre, no será por mucho tiempo.

Siento haber ido demasiado rápido, lo que ocurrió fue que…cuando alguien me importa, no soporto tenerlo tan lejos por tanto tiempo…He aprendido a querer, amar y valorar en la cercanía, pues como dicen, “Quien mucho se ausenta, pronto deja de hacer falta” (y aunque esto sea algo que deba corregir, ya no podré hacerlo con usted). Y seguramente pensó que todo se trataba de un simple juego, algo así como “un clavo saca a otro clavo”, o hasta esté pensando que yo no valgo la pena, y que soy un desastre en el amor (la verdad, no lo sé, ni me importa)…pero no…aunque, que tonto soy, no importa cuántas veces se lo diga.

Hasta el día de hoy, sigo sin saber por qué me entrego con tanta velocidad a gente que apenas conozco, debería replanteármelo, valgo demasiado como para estar jugando este maldito carrusel del destino, lleno de amarguras y dolores sin sentido.

Bueno, me temo que hasta acá llegó todo (que no fue nada en realidad), una fugacidad, una quimera. Una amistad entre los dos es inviable, imposible. Lo siento, pero no estoy hecho para esto.

El imbécil que pensó que “algo” sería posible


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