Fragmento de “Aeternam”

Mientras observaba la atmósfera terrestre llegaban a su mente pensamientos trágicos, no acababa de entender por qué trataba de entenderlo todo, si cuando el instante de su muerte arribara, toda esa hilvanada de pensamientos y saberes se desintegraría, se diluiría, colapsaría sobre sí misma…No acababa de entender al amor, no entendía por qué los seres humanos no podían ser perfectos y autosuficientes…deseaba no necesitar estar con alguien. No comprendía por qué vivía en sociedad, si lo único que hacía era regalar sonrisas vacías y miradas indiferentes, llenas de odio y orgullo, dos de sus sensaciones preferidas.

Era extraño, y muy bien lo sabía. Sus pensamientos no eran, definitivamente, algo común…o al menos, eso era lo que el vulgo aparentaba…Quizás él también tuviese que aparentar, quizás él también tuviese que acallar sus pensamientos más profundos y reemplazarlos por risas pasajeras y escándalos de manada, por conversaciones acerca de la farra del domingo y de la bochornosa actividad de masturbarse (…)…Pero…¿y qué si no quería?…¡y qué!, ¡y qué si no le venía en gana!

No quería perder su soledad, no quería deshacerse de sus reflexiones, no quería echar a la basura sus sentimientos de dejadez y mucho menos los de compleja superioridad…No quería traicionarse por ser como los otros, no quería ser tan dramática y empalagosamente cromático…

En sus momentos de mayor delirio, pensaba que…tal vez, el sentido de su vida era el egocentrismo…¿y por qué no?, si aunque no fuese el centro de todo para el universo, era, por lógica, el centro de SU universo…Y algo (¡algo que no comprendía!, pero que con el paso del tiempo se dejaría ir descifrando) no le permitía comportarse de manera convencional por más de cuatro horas (en promedio)…Él soñaba con una vida de anacoreta, trágicamente solitaria, pero noblemente dedicada al refinamiento de la consciencia y el saber humanos…

Santiago Restrepo Castillo


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