La odisea del talentoso ingenuo (y su señora madre)

Cuando me encontraba en mis años de iluso idealismo (no fue hace mucho), al sentarme a escribir, una de las cosas que más me motivaban, era pensar que cuando tuviese el libro terminado, lo demás se daría como por arte de magia, solía pensar que llegaría algún agente que vería mi talento de forma inmediata, porque…osea, tenía talento, era obvio…¿no? Nunca vi el fracaso tan siquiera como una opción, en mi mente, como por inersia, había éxito o éxito, y nada más.

Al terminar mi primer libro, me di cuenta de que tenía un buen camino para recorrer, de que aún debía perfeccionar mi estilo (cuento chino), así que escribí otro libro…y luego otro.

Fue el tercero, el que decidí publicar de manera independiente, sin tener que verme atado a enviárselo a una editorial que me tuviera con los nervios de punta por más de un año para finalmente darme un “no” como respuesta a mi propuesta de publicación (ya pasé por eso una vez…es terrible). Así que, después de un largo y estresante proceso, tuve en mis manos 200 ejemplares de “Leyendas de Sangre – La Academia”…LISTO, pensé. Lo más difícil ya estaba hecho, ahora sí, todo se daría como por arte de magia, los libros se venderían como pan caliente y poco a poco iría haciéndome un rinconcito en el mundo literario de la ciudad de Medellín, empezaría a ser reconocido…”Clarooo, como tú digas” (decía el destino).

El primer acto de lanzamiento no fue ni la mitad de grandioso de lo que me lo esperaba, fueron unas quince personas, cuando mucho, y vendí apenas siete libros. De las cinco personas mencionadas en los agradecimientos, sólo una se encontraba en el lugar (debo admitir que para mí, esto fue traumático…una de las razones principales por las que no confío en la gente, y no hablo de la gente “en general”, sino hasta de los más cercanos “amigos”…). En el lanzamiento ofrecimos muchos dulces, buena música (chill ’n bossa) y la idióticamente sagrada Coca-Cola (¡que no falte en nada!), todo eso aparte de un excelente ambiente, lleno de sonrisas, agradecimientos y un buen par de discursos…Pero bueno, no fue gran cosa.

El segundo lanzamiento fue un poco más concurrido, aunque en un lugar bastante cerrado (es que el salón social más grande de mi unidad estaba reservado para el cumpleaños de un niño del lugar). Vendí unos 15 libros, y me sentí mucho más apoyado, inclusive, una señora me habló de la posibilidad de ser entrevistado en un programa televisivo de nosedónde…Fue la primer “promesa” falsa que recibí en mi camino por el mundo literario, fue lo primero que me hizo entender que a menos que no haga yo las cosas, NADA VA A PASAR.

El tercer lanzamiento, fue un poco más prestigioso, pues pude realizarlo en el auditorio de una casa de la cultura…¡sí!, una auténtica casa de la cultura, la de Fredonia, un pequeñísimo pueblo en el que, adivinen qué, o no supimos hacer publicidad o a la mayoría de la gente le dio pereza, pena o qué sé yo, asistir al lanzamiento de un libro escrito por un niñito yupi de Medellín, disque hijo de un fredonita…Asistió mi familia fredonita, y uno que otro grupo de beteranos y beteranas amigos de mi familia fredonita, NO VER JUVENTUD en aquel acto, fue devastador para mis ilusiones.

Después de aquello, no se presentó ningún otro lanzamiento, ningún otro acto de presentación…60 ejemplares fue lo que se logró vender, y todo se estancó. Logré comunicarme con un periodiste del periódico Gente…el cual no me respondió por más que le insistí (¡pero qué gran apoyo a la cultura!).

Con 140 ejemplares en mano (perdón, 130, pues regalamos 10 [escuelas, bibliotecas, el jefe de mi papá, etc.])…empezó la odisea.

Como no entro a clases hasta el 9 de abril, casi todas las mañanas de marzo, mi mamá y yo nos levantamos relativamente temprano, nos organizamos y salimos a las furtivas calles de Medellín, con tres o cinco ejemplares en mano, separadores, carteles y hasta tarjetas de presentación y “volanticos”, como los llama mi principiante madre (tanto como yo). Vamos a todas las librerías que podemos (Nacional, Científica, Interuniversitaria, América…). Generalmente, llegamos, mi mamá dice “mi hijo publicó un libro de manera independiente, él tiene 16 años, él lo escribió”…calla por unos segundos, empieza a sonreír nerviosamente, hace gestos involuntarios que gritan a los cuatro vientos “no tengo ni puta idea de qué estoy haciendo aquí”, y entonces me siento como uno de esos vagos que entran extrañamente a un establecimiento y empiezan a ofrecer productos que obviamente no son requeridos. Ahí es cuando intento arreglar las cosas, le digo a mi mamá que me deje hablar y doy un breve discursillo levemente preparado, sin usar muletillas, sin titubear, sin balbucear, mirando siempre a los ojos al receptor y sintiéndome muy señor, dándomelas de negociante…pero…otra vez, todo sigue igual, me sigo sintiendo como un mendigo que ofrece productos innecesarios (no sé si tendrá algo que ver con que casi siempre salgo con la misma ropa y si esto tiene algún efecto psicológico en mi auto-percepción), la persona que escuchó el mensaje, puede elegir entre:

a. “Lo que pasa es que el/la encargado/a de adquisición de textos está en Bogotá/Cali/en todas partes menos acá/en algún lugar del mundo que no es Medellín/etc.”, y entregar un teléfono que escribe en un pedazo de papel cualquiera, entregarlo y mirar rápidamente a otro lugar, esperando a que nos vayamos…

b. “Lo que pasa es que aquí no se reciben libros independientes…pues, libros en pequeñas cantidades, sin casa editorial…no- pone cara de <lo siento mucho, pero en verdad no me importa>-…no, eso ya no se hace”, se nos queda mirando, mi mamá dice “Ah, bueno, muchas gracias” con una gentileza que me saca de quicio y yo o no digo nada y me voy o digo “muchas gracias” fríamente (sí, sintiéndome como un mendigo).

c. Esta es la más excepcional, empezar a hablar con entusiasmo alternado con dejadez acerca de la distribución del libro…Esto, por lo general, sucede en librerías de poca fama, no muy lujosas (tipo Panamericana o Tower Records), nada de lugares en donde venden libros de Shakespeare a nueve mil pesos y un libro de la saga de Crepúsculo a cuarenta mil…no, nada que ver. Más bien, sitios como la Librería América.

Aprovecho para agradecerle a dicha librería, pues me dejaron poner un cartel publicitario en plena entrada del establecimiento, exhiben mi libro en la estantería principal, en todo el centro, recibieron separadores y nos dan a mi madre y a mí un montón de consejos (o más bien, nos abren los ojos) acerca de cuánta publicidad necesitamos y cuánto necesitamos movernos si queremos que este cuento de ser escritor funcione.

Por ahora, no puedo hacer más que continuar la odisea, sin importar que pueda llegar a sentirme como un mendigo…porque, no debería, no es lógico. Soy un joven de 16 años que ha escrito tres libros y publicado uno de manera independiente, no es que me quiera jactar de ello, pero, es algo valioso, el hecho de que la sociedad no sea capaz de apreciarlo del modo en el que alguna vez llegué a imaginarlo (delirarlo), es y será, cuento aparte.

Ñapa: Por algo se empieza…

Santiago Restrepo Castillo


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