No se puede seguir así…

Ángel sabía que su destino no podía seguir siendo mancillado por las egoístas prácticas de Fénix, cada día lo tenía más y más claro…

Hace mucho tiempo que todo había empezado a decaer, ya hace mucho tiempo (aunque bien podrían ser un par de meses, pero en tiempo de joven-adulto eso sí que es tiempo) no habían vuelto a ser como antes, ya no se amaban como antes, no se miraban como antes, no se besaban como antes, no se agarraban las manos como antes, no se abrazaban como antes, no se pensaban como antes y, mucho menos, no se hablaban como antes.

“No más”, pensaba Ángel, “No puedo seguir envuelto en los deseos de su compleja mente”

Lo tenía tan claro como el agua, pero poner la idea en práctica le era tan difícil como encontrar un grano de arroz en el Desierto de Inferno…

“Sé fuerte, sé fuerte”, se decía, mientras caminaba de regreso a casa después de una jornada universitaria; en el camino, pasaba frente a la casa de Fénix. Ya en varias ocasiones, después de haber tomado la decisión de no seguir atado a ella en tantas formas, Ángel se había desobedecido y había parado a saludar a Fénix de camino a casa. Generalmente terminaban pasando la noche juntos, pero no sucedía absolutamente nada que mereciera ser recordado como único.

Todo era simple, nítido para el realista, borroso y confuso para el soñador. Ninguna mirada apasionante, ninguna caricia cómoda, ningún abrazo reconfortante y mucho menos ningún beso que quemara sus labios. Ya todo era amistad y monotonía.

Ángel sabía muy bien que todo era su culpa, y era ese el pensamiento con el que le hacía knock-out a su dolor.

Después de muchos días en la misma extraña situación, se detuvo, en medio de la noche, muy cerca a la casa de su primer amor, y pensó: “Basta ya, aunque duela, debo seguir con mi camino”. Entonces se detuvo frente al portón de aquel hogar, miró la ventana de la habitación de Ella…respiró profundamente, miró el cielo estrellado y trató de no sentir rencor. “Camina”, se dijo, “Y deja de sufrir, piensa”.

Quizás estaba pagando por sus actos, y Ella ya no tuviera cuentas pendientes con el Universo…Pero había algo de lo que sí estaba seguro, algún día las verdades serían dichas, y el pasado no sería más que eso: algo que pasó…

Santiago Restrepo Castillo


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