Hablando un poco de nada…

Nunca fui de muchos amigos…muchas veces he llegado a preguntarme si alguna vez he sido siquiera alguien de “amigos”. 

¿Por qué?

No sé, cuando me lo pregunto, todo lo que se me ocurre es culpar a la vida (pero no de mala gana, sino simplemente repasando los capítulos, tratando de divisar los sucesos y cotidianidades que moldearon mi misantrópica personalidad). 

Vengo de una familia de seis, papá, mamá, hermano mayor, el del medio, el menor, y la hermana menor…No diré que nunca me prestaron atención, obviamente sí lo hicieron, la forma en que mis padres me demostraban su cariño era intentando darme lo mejor que podían y administrando mi vida para que cuando creciera, fuera una persona inteligente, triunfadora. Los juegos de la vida y la genética me hicieron, por naturaleza, un ser aislado. En jardín de niños golpeaba a las niñas y me dejaban casi todos los días castigado, además, no hablaba con nadie. En guardería, hablaba solo con tres “amiguitos”, y casi siempre me dedicaba a observar el comportamiento de los demás…

Recuerdo que aprendí a leer gracias a una computadora de juguete, de esas a las que le hundes una tecla y empiezan a cantar el abecedario. Nadie en guardería sabía leer, a excepción de mí…aún así nunca me molesté en alardear, ni siquiera llegué a decirle personalmente a la profesora que sabía leer. Los demás solían tomar siestas, cosa que estaba permitida, y que a mí no me gustaba…Cuando todos saltaban y gritaban de alegría…cuando todos se convertían en uno, yo no participaba, había algo en mí que hacía que no me agradara la idea de adherirme a la masa social y amorfa, tan llena de algarabía. 

Mi padre me contó un par de veces, que en mi niñez, él no dejaba de sorprenderse con mis patrones comportamentales. Amaba armar rompecabezas, y a eso me dedicaba gran parte de mi tiempo…cuando pasaba un grupo de niños corriendo y desarmaban mi obra, yo ni me inmutaba, y volvía a comenzar. 

Durante toda mi niñez fui un niño relativamente solitario, pero admirado, los demás niños siempre me preguntaban que por qué era tan inteligente, que cómo le hacía. Recuerdo que en cuarto grado llegué a ser representante de grupo y representante de cuarto ante el consejo estudiantil…Fui promovido una vez de año y se me fueron ofrecidas otras dos promociones que mi madre rechazó…Mis notas siempre fueron puros excelentes, y yo ni a preguntarme el por qué de mis capacidades me atrevía, tan solo las explotaba, alejado de los demás.

Nunca llegué a pensar que tendría problemas sociales cuando llegara a la pubertad, pensé, de manera ingenua, que los sentimientos puros de la niñez se quedaban por siempre en el ser humano, pero lastimosamente esto no es así, la pureza se contamina y todo lo bueno se degenera a medida que crecemos y nos dejamos corromper el uno por el otro (si esto no estuviera en nuestra naturaleza, sencillamente no ocurriría…). 

En fin, al llegar a la adolescencia empezaron los problemas, ETC. 

Hoy en día, tras varios años de haber salido de la pubertad, y me atrevo a decir que meses de haber salido de la adolescencia, soy una persona completamente normal (me refiero a estable), me gusta como soy en general, mi físico, mi personalidad, mi humor, mi música, mi literatura, mi matemática, lo que estudio, la manera en la que interactuo con la gente (aunque admito que siempre hay cosas por mejorar), y un largo etcétera…En mi gráfica de la vida, el mínimo absoluto de la dejadez ya fue alcanzado y dejado hace mucho tiempo.

Pero, ahora algo que no había hecho nunca antes, preguntarme por la razón de mi particular inclinación hacia la soledad…No me atrevo a decir que la desarrollé con el tiempo, pues este gusto ha estado presente prácticamente desde el momento en el que mi código genético fue establecido, aunque puede ser cierto que ciertas experiencias hayan reforzado dicha inclinación…

Recuerdo siempre haber sido una persona un poco muy independiente para su edad…Un poco muy desligada, un poco muy abierta a las posibilidades, abierta al olvido y a las oportunidades. 

Muchos me critican por algo que ellos clasifican como “egoísmo”, yo lo veo como autotelia pura, lo veo como la capacidad que tengo de evolucionar como ser humano, de refinar mi consciencia y elevar mi conocimiento. Todos podemos hacer lo mismo.

Todo tiene un momento y un lugar, la socialización es igual de importante a cualquier otra de las necesidades básicas del ser humano…

El tiempo que tengo en este mundo es limitado, y sí, es cierto, es delicioso aprovechar el tiempo para esparcirse socialmente, para disfrutar, para salir con los que consideramos nuestros amigos, pero en mi escala de prioridades, siempre será más importante dedicarle tiempo a la evolución de mis propias capacidades, las cuales disfruto mucho compartiendo con los demás…

A riesgo de haber sonado egotista, corrijo que no lo soy, simplemente soy autotélico…¿por qué?, no sé, quizás algo de genética, algo de factores familiares, sociales, escolares…Las personas a las que les entrego mi amistad son personas que valoro demasiado, y que sé que ellas me valoran a mí. Lo que entrego es un tesoro, un tesoro que disfruto de manera mesurada y apacible, cultivándolo con paciencia y teniendo siempre en cuenta que por encima del bienestar superficial ajeno debe primar el mío. 

El tiempo es algo sagrado, y al ser ofrecido a otra persona, es un regalo de un valor inmensurable…No se le puede pedir a otro que esté siempre dispuesto a regalarlo, pues no siempre se va a poder.

Si tienes un amigo, simplemente disfruta los ratos que pases con él, disfruta, goza, ríe, cuéntale cosas, háblale de lo que quieras, moléstalo, propone planes…simplemente eso…DISFRUTA, de nada sirve rogar algo que no tiene que ser rogado…

Dicen que las personas son como son y punto, y que el que es no deja de ser…Yo por mi parte, me siento extremadamente cómodo siendo lo que soy y siendo como soy, no se me puede simplemente pedir que cambie. 

No hay peor ciego que el que no quiere ver…A veces estamos tan aferrados a la idea de ser el centro del universo (inclusive de manera inconsciente) que no vemos lo que los demás realmente pretenden, tan solo le lanzamos al mundo de los sucesos una plantilla de “víctima” y vemos como todo nos sale mal.

Santiago Restrepo Castillo


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