Trabajo, una difícil pero necesaria lección

Trabajo

Trabajo…el paradigma bajo el cual se ha construido toda nuestra sociedad, además del combustible mismo del inmenso Sistema que auto-regula nuestro mundo.

Nunca en mi vida había trabajado de una manera tan ardua como lo he venido haciendo durante los últimos cuatro días. Me había atrevido, si mucho, a atender durante 4 horas seguidas en la tienda de mi tío, en Fredonia, 4 horas que me parecían realmente aburridas y algo agotadoras.

No tenía ni idea de lo que se siente trabajar.

Los papás de la novia de un primo tienen un negocio de juguetería en el Centro, un enorme barrio con muy mala fama, por su desorden, por la delincuencia, la inseguridad, por la gran cantidad de vendedores ambulantes, de buses, de tráfico, de gente sin hogar, etc.

El Centro supone ser el lugar de la ciudad en el que se consigue de todo, a precios muy bajos, y es por eso que gran parte de la población (aquella que prefiere aguantarse el desorden y el mal ambiente del Centro con tal de gastar unos pesos menos de los que se podría gastar en hipermercados como el Éxito) decide hacer sus compras en aquel barrio, bien sea ropa, juguetes o tecnología, de todo pueden conseguir en el Centro.

En mi vida, había si quiera llegado a imaginar lo dura que es la vida para los trabajadores del Centro, y nunca llegué a pensar si quiera, que algún día estaría trabajando en ese lugar.

No me gusta el Centro, y sinceramente, es el último lugar al que iría a comprar cualquier cosa, prefiero un ambiente un poco más hermético y organizado que me haga gastar unos pesos más, a una anarquía jerárquica tan despampanante como la que se ve en el susodicho lugar (además, no siempre se encuentra todo a bajos precios, ya hay empleadores que saben que es una creencia popular que en el Centro todo es más barato, por lo que suben los precios indiscriminadamente, sabiendo que la gente supondrá que no encontrarán eso que buscan a un precio menos elevado).

En vacaciones, lo último que quiero hacer es ponerme a trabajar, pero con tal de aprender a hacer algo nuevo, e ir adquiriendo experiencia laboral, estoy haciendo el sacrificio. Las jornadas para los trabajadores del Centro son realmente inhumanas, a veces llegan a las 14 horas diarias, y sin mas tiempo para “descansar” que los treinta minutos que se ofrecen para almorzar (los cuales, muchas veces, se viven entre acosos).

Mi trabajo es múltiple, mis deberes son, básicamente, estar de pie en el sector que une los dos locales del mismo negocio, vigilando discretamente que nadie se lleve la mercancía, y al mismo tiempo, atendiendo a la gente, sonriéndole por más gruñona que parezca. Debo aprenderme los precios de las muñecas, de los carritos, de los kits de doctor, de las vasijas, etc., así como el lugar en el que se encuentran ubicados en los respectivos locales. Otras veces debo doblar y doblar cobijas de la sección de lencería ubicada en el fondo de uno de los locales…

Suena fácil, ¿verdad?…A mí también me pareció fácil cuando lo oí, lo único que odiaba era la idea de tener que trabajar, literalmente, todo el día.

El primer día de trabajo, salí de mi casa a las 7 de la mañana, y regresé a las 9 de la noche. Almorcé en 30 minutos mientras me acosaban por que el voleo estaba pesado y tenía que ayudar a atender. Estuve parado prácticamente 12 horas seguidas, lo cual hizo que me empezaran a doler exageradamente los talones, y de vez en cuando me daban retorcijones de dolor en la planta de ambos pies. Tenía mucha hambre, y aún así no podía comer.

Ayer, sábado 15 de diciembre, fue día de pago, y fue también la jornada de trabajo más extensa que he tenido en mi vida…y también el peor de mi vida. El dolor en los pies empezó a hacerse tan insoportable que en determinado momento sentí que iba a empezar a llorar, también el dolor de espalda (por estar tanto tiempo de pie, supongo) se me hizo increíblemente insufrible, tuve que tomar medicina para tratar de resolverlo…Un compañero me dijo que se notaba que era la primera vez que trabajaba, comentario que no me hizo sentir ningún tipo de sentimiento adverso, pues realmente había sido mucho el sacrificio que había estado haciendo.

Siempre he pensado que para trabajar honradamente, ganar dinero y ser felices, no se necesita matarse (literal), es algo contra lo que me opongo firmemente, una vida digna no es aquella en la que se trabaja de 8 a 8 para poder sobrevivir…Entonces, ¿por qué estoy trabajando en aquellas condiciones, si realmente no me hace falta ese dinero?…fácil, porque por una vez en mi vida quiero sentir en carne y hueso lo que sienten trabajadores como mi compañero (el del comentario), que deben tantear su vida entre trabajo, estudio y familia, quiero saber qué sienten y cuánto es el esfuerzo que deben hacer personas que deben trabajar para pagar sus propios estudios universitarios, así duela, no quiero quedarme encerrado en mi vida cuasi-perfecta, sin hacer mas que pasear, ir a fiestas, quedarme en casa durmiendo hasta tarde y comiendo mucho…A veces es necesario sufrir un poco para valorar todo lo que tenemos.

En fin.

Estoy seguro de que de ahora en adelante, no habrán vacaciones en las que no consiga algún empleo, la sensación es algo adictiva, especialmente cuando te pagan…pero no es solo eso, es también el hecho de sentir que has hecho algo que creías imposible para ti en el pasado, sientes que creces un poco, que superas tus límites, inclusive te vuelves un poco más seguro de ti mismo, y el pecho se te hincha de orgullo…Aunque haré todo lo posible (y también lo imposible) por que mi próximo trabajo de verano (y también el navideño) sean en lugares más formales, en un negocio en el que deba, por lo menos, firmar un contrato que establezca mis derechos como trabajador y también el pago de horas extra como algo obligatorio.

Nota…La vida no puede ser solo trabajo, debe existir un equilibrio justo y saludable.

Santiago Restrepo Castillo


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