Pirámide de Maslow, acerca de la sexualidad

Maslow 2

Pirámide de Maslow

La pirámide de Maslow es una teoría psicológica formulada por el conocedor Abraham Maslow, la cual jerarquiza las necesidades de un ser humano en la Era moderna, desde aquellas que hacen parte de la naturaleza misma del hombre y la mujer hasta las de orden superior, que logran suplir solo personas con estilos de vida equilibrados y plenos.

En el primer nivel de la pirámide se encuentran las necesidades fisiológicas, es decir, aquellas que son inherentes a la condición humana: la alimentación, la respiración, la evacuación de desechos, el descanso, la homeostasis (característica de un organismo, se refiere a la capacidad de regular las funciones que existen dentro del mismo mediante el metabolismo). Algunas de ellas son, evidentemente, inevitables, por ejemplo la respiración, el descanso y la homeostasis.

Una necesidad que Abraham Maslow clasificó como de primer orden, es decir, básica, es el sexo. Esto puede no referirse de una manera amplia a un desarrollo fructífero y responsable de la sexualidad, sino simplemente a la satisfacción del libido mediante un acto sexual, pare de contar.

En el segundo nivel de la pirámide se encuentran las necesidades de seguridad, que son todas aquellas que surgen del deseo de sentirse protegido, con un ingreso económico estable, con un núcleo familiar incondicional, con unas garantías laborales…, en general, esto podría estarse refiriendo, ciertamente, al welfare (estado mínimo de bienestar y soporte social para todos los ciudadanos de un pueblo).

Maslow propuso que estas necesidades, es decir, estos deseos de protección, se dan en el ser humano para su satisfacción, después de que se posee un orden de cumplimiento para las necesidades básicas.

En el tercer nivel de la pirámide están las necesidades de afiliación, que son todas aquellas que tienen que ver con la consumación del instinto social del ser humano, es todo lo que tiene que ver con socialización. En este nivel se encuentran necesidades como establecer lazos afectivos (de amistad, de noviazgo) y la intimidad sexual.

¿No es interesante el hecho de que en el primer nivel de la pirámide, en las necesidades básicas, se aprecie el sexo, mientras que en el tercer nivel (uno mucho más avanzado) se ubique la intimidad sexual? Es precisamente en este punto en el que quiero enfatizar.

El sexo (con uno mismo, con otros), como tal, viene siendo una necesidad básica del ser humano por el hecho de que seamos seres sexuados, está en nuestra biología, nuestra reproducción es sexual, nunca asexual, por lo que es natural que sintamos atracción por especímenes homólogos. Esta necesidad básica (partiendo del supuesto de que la teoría de Maslow es parcialmente cierta [parcialmente, porque la jerarquización de las necesidades puede resultar siendo algo bastante subjetivo]) puede suplirse, desde mi punto de vista, de dos formas: la masturbación, o la interacción sexual con otros.

Pero, si estamos hablando de una necesidad de primer orden, no hemos llegado aún a las necesidades de seguridad, y mucho menos a las de afiliación, en las que encontramos el deseo de relacionarnos con otros de una manera profunda y provechosa; entonces, podríamos suplir la necesidad sexual (si es que desechamos la opción de la masturbación) mediante la promiscuidad, ¿con quiénes?, ¿qué tanto?, etc., son cuestiones que surgen eventualmente, con un nivel de consciencia ni medianamente elevado acerca del tema.

La intimidad sexual, como tal, es una cosa completamente distinta a la necesidad de sexo, pues en la intimidad sexual, compartimos nuestra sexualidad con otro (en sociedades monógamas, como la nuestra, con una pareja no solo carnal, sino también sentimental). En la intimidad sexual se encuentra la realización parcial del ser, hay factores fisiológicos y de seguridad que logramos suplir mediante esta necesidad y, siguiendo la teoría de Maslow, nos vemos posibilitados de continuar en nuestra escala de necesidades, gozando cada vez más de un mayor grado de plenitud y de ciclos de tiempo cada vez más extensos y desafiantes, lo cual nos motiva en la continuidad de nuestros proyectos de vida.

Con el tiempo he podido darme cuenta de que suplir la necesidad de sexo, y nada más, es tan útil como comer por gula, o como dormir más de lo que se necesita…es un placer excesivamente pasajero que realmente no deja nada interesante o fructífero en nuestras vidas (más allá de las reflexiones que no todas las mentes son capaces de derivar), no vale la pena a menos de que sea con uno mismo, después de todo, sí, es cierto, es una necesidad. En cambio, la intimidad sexual es algo que no tiene punto de comparación, todos aquellos que la practican saben muy bien por qué (y es que son cosas que a veces no pueden ser descritas, llegan a lo inefable, por muchas razones), y todos aquellos que no, si se han puesto a pensar alguna vez en los niveles de plenitud que pueden alcanzar en sus vidas, diría yo, que entienden perfectamente que es preferible practicar la sexualidad en soledad que suplir la necesidad de sexo en medio de la promiscuidad desaforada, desligada a vínculos sociales.

En conclusión, es mejor esperar por una persona con la que realmente valga la pena compartir la vida sexual, que cualquier otra cosa (con respecto al tema). Mientras tanto, resulta hasta más provechoso practicar la sexualidad en soledad.

Nota: La prostitución voluntaria también es un riesgo psico-social.

Santiago Restrepo Castillo


About this entry