No sé

studying for finals

En un reloj de arena oculto en algún lugar del universo la arena no deja de caer, cediendo ante la gravedad de algún cuerpo celeste, obedeciendo al tiempo indirectamente, fiel a su tiranía con todo lo vivo.

El semestre está cada vez más cerca de un final inminente, todos permanecen ansiosos ante la llegada de lo que en verdad será un nuevo comienzo…Por los pasillos de la universidad se ven, deambulando como autómatas, estudiantes de semestres avanzados que deben presentar sus complejos proyectos integradores, en los que intentarán demostrar lo bien que son capaces de aplicar los conocimientos adquiridos a lo largo de un semestre que se encuentra ad portas de su muerte, para siempre.

En primer semestre, la cuna de la ingeniería, el posible inicio de cientos de noches contemplando y viviendo en carne propia la imposibilidad de visitar el mundo de Morfeo, ya se sienten gritos de victoria, entes con preparaciones envidiables para quienes sus primeros meses en la universidad fueron casi un paseo, la repetidera de la repetidera; pero también se oyen (y se sienten) manifestaciones de tristeza, frustración y rendición. Muchos se van, pocos se quedan. Otros fracasan, y lo vuelven a intentar.

Las tardes parecen ser cada vez más cortas, el frío se hace insoportable y las lluvias, fieles compañeras del final de cualquier cosa, se hacen presentes (sin falta), acorralando a los becerros en lugares asilados, a horas tormentosas. Las conversaciones se centran todas en un mismo tema: un final. Y es de esperarse.

Pero, más allá de lo superficial, ¿qué pasa dentro de las mentes de los estudiantes?

Generalmente se siente más (mucho más) de lo que puede llegar a decirse, o incluso escribirse…Seguramente habrá quienes, en medio de una sensación inefable de frustración sienten que se han fallado a sí mismos, así como quienes no se reprimen, pues no tienen fracaso del cual aprender, siempre han triunfado. Pero todas estas son suposiciones que baso en la más general de las situaciones.

Solo estoy seguro de una cosa: lo que pasa en mi mente…bueno, medio seguro.

Siempre procuramos iniciar una nueva etapa con la mejor de las actitudes, para el mejor de los esfuerzos. Es posible que gustemos de la matemática, por la razón que sea, y también es posible que estemos absolutamente seguros de lo que queremos en nuestra vida (al menos en cuanto a lo que universidad respecta)…pero no siempre todo puede salirnos bien.

El sistema educativo plantea que para ser adecuados hay un criterio unificado: todos súbanse al mismo árbol, el que más alto llegue es el mejor de todos. No importa qué tipo de animal se sea, la idea es subirse al árbol, punto. Pero sería absurdo y típico de un pensador demagógico lanzar acusaciones en contra de un sistema cuando lo único que se ha hecho siempre ha sido reforzarlo, y cuando muy en el fondo se sabe que el sistema al que se está siendo sometido es relativamente adecuado (a partir de la educación universitaria).

Entonces…¿qué?, ¿por qué a veces no somos capaces de sortear, no obstáculos, sino problemas cuya solución representa un triunfo, y un paso cada vez más cerca de una meta única?, ¿falta de preparación?, ¿negligencia?, ¿negación?, ¿¡falta de inteligencia!?…

No sé.

El semestre se acaba, el tiempo corre, las preguntas son demasiadas y las respuestas excesivamente pocas, los pensamientos son muchos y las acciones excesivamente pocas, lo que quiere decirse es mucho pero las palabras que se materializan son excesivamente pocas, la incertidumbre es mucha, la ansiedad es mucha…lo cierto es increíble y ridículamente escaso…Solo queda darle la cara a la realidad, como siempre se ha hecho, y recordar que en este mundo de burbujas de cristal, siempre existe más de un universo, allá, afuera…

Santiago Restrepo Castillo


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