Tomado de “Pensamientos y disquisiciones necesarias”

Entiendo perfectamente a quienes decimos que no habría nada peor que volver a ser adolescente, o joven, o reciente en el mundo de los veintitantos. Es algo que recordamos como increíblemente cegador y complicado cuando lo vemos desde sistemas de referencia relativamente más privilegiados que los anteriores, en medio de vidas más independientes, en las que no nos sentimos pequeños ni relegados, porque somos todo lo que tenemos y tomamos nuestras propias decisiones, sin miedo…no hay nadie cerca nuestro recordándonos (o mas bien, diciéndonos) lo pequeños e inmaduros que somos, lo poco listos que estamos para enfrentar al mundo, no hay idiotas haciéndonos sentir que no tenemos el potencial necesario para…que no somos capaces de nada. Solo así se puede crecer de verdad, solo así se puede mejorar, solo así se puede seguir un ideal ininterrumpido de autotelia perfecta. Solo hay una manera de ser feliz para mí, la he conquistado por fin y no pienso jamás dejarla ir…esa manera se llama libertad, y no hay nada en el mundo por lo que esté dispuesto a canjearla.


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