Antítesis de la degeneración evolutiva

Introducción:

En el siglo XIX de nuestra era, Charles Darwin publicó “El Origen de las Especies”, libro en el que hablaba (entre otras cosas) de la ley natural que regula la evolución biológica. Se trataba de la selección natural.

Los seres humanos hemos realizado selección artificial durante miles de años, al procurar elegir siempre a las vacas más sanas y con mayor lactancia, a los caballos más fuertes y rápidos, a los perros cazadores más ágiles, a las semillas de trigo de las cosechas más productivas, etc., hemos hecho que los genes de especímenes que poseen ventajas frente al medio en comparación con los que no fueron elegidos, se transmitan de generación en generación, lo cual crea grupos característicos en cada especie, grupos que heredan cualidades que nos proporcionan mayor producción lechera, mejores cosechas de trigo, entre otros beneficios.

Darwin partió de este hecho de selección artificial para tratar de entender la ley de la evolución biológica…aunque en un principio no era capaz de imaginarse un proceso de tal complejidad que a su vez fuese completamente natural. Afortunadamente, tras una larga investigación empírico-racionalista, llegó a la conclusión de la selección natural, en la que son cruciales las condiciones ambientales y geográficas de la ubicación de una especie, y las mutaciones aleatorias.

Refiriéndonos a la causa pseudo-fundamental, podemos decir que las especies evolucionan, en principio, gracias a los rayos cósmicos (por ejemplo los rayos ultravioleta de nuestra propia estrella, el Sol), los cuales generan un error (que puede ser tanto minúsculo o enorme como benéfico o maligno) en la reproducción celular al alterar directamente el ADN.

La utilidad de dichas mutaciones (si no son malignas, como malformaciones que ponen claramente en peligro la vida) la determinan las condiciones climáticas y geográficas de la ubicación del espécimen mutado. Por ejemplo, hace millones de años nuestros antepasados aún vivían en las copas de los árboles; en aquella época no era completamente beneficiosa una mutación que los llevara a poder bajar al suelo, pues ahí arriba se encontraba prácticamente todo el alimento que necesitaban para sobrevivir. Pero eventualmente, cuando la geografía empezó a cambiar y los grandes bosques fueron reemplazados por extensas sabanas, resultó de mucha ayuda poder vivir sobre la superficie sin problema alguno.

La selección natural es la que ha hecho posible la evolución de las especies; los especímenes con mutaciones positivas que les ofrecen ventajas frente al resto tienen mayores probabilidades de sobrevivir que sus homólogos, lo cual permite que transmitan sus genes, y en ellos, sus mutaciones. Así, poco a poco, se van dando los cambios de una especie a otra.

Es este mecanismo el que ha permitido que la vida en la Tierra sea cada vez más compleja, hasta tal punto que ha creado al Homo Sapiens Sapiens, una parte del Cosmos que se ha hecho consciente de si misma.

Tesis:

Hipócrates (460 a.C. – 370 a.C.), antiguo griego considerado hoy en día el primer médico que rechazó las supersticiones en la práctica de la medicina, planteó un concepto de la misma que giraba en torno al alivio del dolor y la curación de enfermedades. Con el paso del tiempo dicho concepto se mantuvo casi intacto, pero conforme pasaron las épocas y empezó la gran revolución científica a mano del Renacimiento (en donde la forma convencional de ver el mundo fue fuertemente criticada por grandes filósofos, como Leonardo da Vinci y Nicolás Copérnico), el concepto primario de salud combinado con la evolución científica, tecnológica y médica, tuvo como consecuencia un resultado moralmente confuso.

Hoy en día se siguen dando mutaciones, tanto innatas como heredadas, las cuales se dan de manera completamente aleatoria; en este aspecto, la diferencia entre épocas pasadas y la contemporánea (y podríamos remitirnos inclusive a la Edad de Piedra, para entender con mayor claridad la tesis planteada), es que hoy en día personas con mutaciones equivalentes a discapacidades (ya sean motrices, sensoriales, intelectuales o mentales) tienen la misma probabilidad de sobrevivir que las personas que no poseen dichas discapacidades.

Dicho resultado se apoya fuertemente en el Derecho Natural que tiene una persona a vivir por el solo hecho de haber nacido humana (dicho derecho data de Aristóteles, pero renació en el Renacimiento), el progreso de las ciencias médicas deben estar orientadas a garantizar dicho derecho, punto.

A causa de una mezcla entre el progreso, el Derecho Natural, el concepto de salud y la práctica de la medicina, surgió lo que muchos llamarían una ironía, un serio dilema; fue una idea planteada en el siglo XX, dicha idea (bastante racionalista) plantea que a causa de garantizar la vida de todos los seres humanos (incluyendo a aquellos con discapacidades) y de la utilización de fármacos (como la penicilina, por la cual las bacterias se han hecho cada vez más difíciles de combatir) se está desafiando a la selección natural, por lo cual nos veremos sometidos a una especie de estancamiento evolutivo, pues no parece haber ninguna tendencia hacia la heredación de genes que ofrezcan cada vez más ventajas y permitan nuevos tipos de seres humanos. Nos vemos entonces frente a una degeneración evolutiva, o en otras palabras, frente a una involución.

– Y una cura de penicilina es precisamente una catástrofe ecológica para los pequeños diablos. Pero conforme íbamos derrochando penicilina también nos hacíamos resistentes a ciertas bacterias. De esa forma hemos ido creando bacterias que son mucho más difíciles de combatir que antes. Nos vemos obligados a utilizar antibióticos cada vez más fuertes, pero al final…

– Al final nos saldrán las bacterias por la boca, ¿no? ¿Quizás tengamos que empezar a pegarles tiros?

– Eso quizás sea un poco exagerado. Pero está claro que la medicina moderna ha creado un serio dilema. No se trata sólo de que algunas bacterias se hayan vuelto más agresivas. Antes había muchos niños que no llegaban a adultos, e incluso se puede decir que sólo sobrevivían unos pocos. Ahora bien la medicina moderna ha dejado esta selección natural de alguna manera fuera de juego. Lo que ayuda a un individuo a superar una mala racha de salud, puede a la larga llegar a debilitar las resistencias de la humanidad contra diversas enfermedades. Si no consideramos lo que llamamos higiene de la herencia, eso puede conducir a una degeneración de la humanidad. Con esto se quiere decir que se debilitan las condiciones genéticas para evitar enfermedades graves.

– Son perspectivas bastante siniestras.

– Sí, pero un verdadero filósofo no puede dejar de señalar lo siniestro si cree que es verdad.

Tomado de “El mundo de Sofía”, Jostein Gardeer.

Antítesis:

Mi antítesis consiste en un tema fundamental: la Ingeniería como instrumento de la evolución programada. Trataré, en la medida de lo posible, centrarme en la negación de la tesis, que viene siendo en resumen la negación de que nos enfrentamos a un estancamiento evolutivo.

No se puede pretender sacar conclusiones acerca de una situación actual sin tener en cuenta todos los factores políticos, ambientales, sociales, ecológicos, legales, tecnológicos, etc., que pueden llegar a influir en la situación como tal, y en sus posibles desenlaces.

No solo avanzan las formas de combatir una mala racha de salud y de garantizar la vida a una persona discapacitada, sino que también avanzan campos del conocimiento como la Ingeniería Genética.

Desde un punto de vista ético, la Ingeniería Genética es escandalosa, pues ha sido la razón de incontables debates entre entidades que han actuado como contrapartes (tales como la Iglesia y la Sociedad Científica), ambas argumentando ideas completamente opuestas. La Iglesia, por ejemplo, sostiene que el progreso es bueno, pero que hay límites, y no debemos jugar a ser Dios. Mientras tanto la Ciencia posee una visión un poco más flexible, aunque cualquier científico decente sabe bien que las regulaciones necesarias para la manipulación de conocimientos tan avanzados deben ser serias, muy serias. Un buen filósofo seguramente no se cerraría a una posibilidad tan interesante sin antes argumentarlo de una manera muy bien estructurada.

Mi posición es clara: estoy a favor de la Ingeniería Genética…, ¿por qué?

Mi lado más pasional dice que sencillamente el ser humano no debe cerrarse a conocimientos que él o ella misma ha sido capaz de adquirir, realmente debe haber una utilidad magnífica, y no porque muchos tengan miedo debemos meter todas esas posibilidades en el subconsciente de la sociedad.

La Ingeniería Genética puede ser comparada con la Física de Einstein. Albert dio con puntos realmente interesantes de la física, puntos que le otorgaron a algunas sociedades la capacidad de crear armas de destrucción masiva, pero esa misma fuerza destructora podría llevarnos algún día a las estrellas. La primera nave interestelar seriamente planteada (siglo XX) fue diseñada pensando en que utilizaría bombas atómicas como combustible.

La Iglesia bien podía estar en contra de la utilización de conocimientos tan avanzados para fines destructivos, pero no porque se pueda utilizar algo para el mal, se debe olvidar para siempre. Es cierto que aún no aprendemos a controlar la energía nuclear por completo, pero es precisamente porque sabemos que los beneficios de su control son enormes que seguimos intentando. Son más los beneficios.

Lo mismo puede suceder con la Ingeniería Genética, la Iglesia bien puede estar en contra de ella, argumentando que no debemos entrometernos en la manera en la que Dios crea al ser humano, dicho en palabras de cristiano: no debemos interferir con “las cosas de Dios”. Pero, ¿qué tan pecaminoso sería detectar una malformación en un ser humano antes de que este nazca y modificar de manera irrevocable dicho error de la naturaleza?, ¿estaríamos actuando en contra del Dios cristiano (o más bien, de la filosofía de la religión cristiana) al brindarle a dicho ser humano un definitivamente mejor futuro?

Si yo tuviera la posibilidad de hacer que todas las personas discapacitadas de la humanidad no tuvieran discapacidad alguna, no lo pensaría dos veces antes de actuar.

Hay religiones que son excesivamente prohibicionistas e inalterables, son tan poco dinámicas que chocan con la verdad universal de la humanidad, que es completamente dinámica y depende tanto de la historia como de las fuerzas presentes en una determinada época. Las religiones no aceptan errores en sí mismas, defienden y argumentan poseer la verdad universal amparados por la iluminación divina de su propia deidad, pero ese, claramente, no parece ser el camino correcto. Cambian la filosofía, la ciencia, el arte, la literatura, la educación, la economía…pero no cambia la religión; alguien podría defenderla diciendo que es su deber no cambiar, orientar al ser humano en cualquier época de la historia, pero yo pienso que cada ser humano debe buscar su propia verdad, tener una mirada crítica y escéptica ante las verdades absolutas, entender el mundo desde su propia perspectiva.

En un mundo equitativo, sería lógico pensar que todos nacen con un esquema de capacidades básico: el esquema natural. Si tenemos la posibilidad de llegar hasta ese punto, no debemos dejarnos amedrentar por argumentos éticos de una corriente inmutable, pues es ilógico intentar resolver los problemas de un sistema dinámico utilizando conceptos eternos.

Regresando al tema de la Ingeniería Genética, vuelvo a recalcar que estoy a favor de la misma, y que sea escandalosa me parece normal y predecible, después de todo las más grandes teorías y conocimientos siempre han provocado escándalo entre las sociedades, y provocado revoluciones importantes.

Al emplear la Ingeniería Genética como instrumento de la evolución, recurrimos entonces a una evolución programada, una evolución programada en la que podemos enfrentarnos con mayor destreza a problemas como el dilema planteado en el siglo XX acerca de la higiene de la herencia. Podemos combatir las mutaciones negativas, provocando un verdadero cambio en la sociedad, creando una tendencia hacia la escases de discapacidades, lo cual conlleva a una mayor productividad y una mejor calidad de vida de los individuos. Podemos también hacer más fuerte nuestro sistema inmunológico para que combata de manera natural los virus y bacterias, haciendo que no dependamos de fármacos como la penicilina, ¿y qué creen?, si en lugar de hacer que un niño sobreviva a una mala racha de salud que en otra época simplemente lo habría matado, hacemos que tenga un mejor sistema inmunológico, habremos reforzado sus genes, le habremos otorgado la ventaja con la cual no habría contado de no ser por la Ingeniería Genética, y cuando ese niño o niña se reproduzca, transmitirá esos mismos genes, y entonces la higiene de la herencia pasará de concepto racionalista con ínfulas de ideología nazi a realidad social, una realidad social que en una sociedad avanzada podría convertirse en un derecho fundamental.

En conclusión, el dilema planteado en la tesis, aunque real, no posee como consecuencia una degeneración evolutiva, porque de la misma manera en que avanza la medicina moderna, lo hacen también los métodos para combatir los puntos más débiles de la confluencia del concepto primario de salud y el avance científico, tecnológico y médico. Y es entonces cuando el ser humano empieza a utilizar sus más avanzados conocimientos acerca de sí mismo para dejar fuera de juego las fuerzas tiranas de la naturaleza.

Santiago Restrepo Castillo


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