Un viaje de ida y vuelta…pero solo

En el club, las luces intermitentes y el humo artificial hacen que me olvide de la realidad. El alcohol pone de su parte, ahoga mis venas hasta llegar a mi cerebro, me hace sentir mareado y estúpido, pero extrañamente consciente, no soy capaz de olvidarlo todo por completo, aún sé que lo único que hago es esconderme de algo que no puedo controlar, algo que se me sale de las manos…

Pero no importa, la música golpea mis oídos y ensordece mis pensamientos más oscuros…luego la delirante obra alcanza su punto máximo: todos enloquecen, los cuerpos se mueven con furia y nada importa…en verdad nada importa.

Mientras bailo al ritmo de las notas, que para mí (en ese momento) no significan nada que no sea libertad, un ambicioso pensamiento invade mi mente: estoy solo.

Y es verdad, estoy en el Blue, tomando alcohol y bailando rock (con una amiga, pero ella también está sola, porque todos bailamos con nosotros mismos) o electrónica…Y nada importa, solo bailar, moverse, olvidar, vivir…

Y recordar que estoy solo.

Pasa cuando observo el cielo, cuando contemplo las estrellas, cuando escribo, cuando leo, cuando creo…incluso cuando me embeleso con alguien.

Pero no me molesta la soledad que siento, porque no la entiendo como algo terrible.

Me doy cuenta de que estoy en un viaje, empecé hace poco más de dieciocho años y aún sigo en la travesía…no sé cuándo terminará, he decidido que no me encuentro en posición de saberlo.

Un viaje de ida y vuelta. Nací solo, viví solo, reí solo, sufrí solo, lloré solo…no importó nunca estar rodeado de gente, porque la soledad siempre la he vivido, y no una melancólica, sino una que me recuerda el hecho de que soy un individuo. Puedo estar en compañía de terceros, puedo hablar, puedo reír, puedo bailar, pero todo lo que hago es completamente mío.

Un viaje de ida y vuelta, pero solo.

Necesito descubrir la importancia de mi soledad, necesito construirme y sentir (no solo pensar) que soy yo quien se completa a sí mismo.

Después de todo, en una sociedad como en la que he nacido (por razones  que no puedo comprender), siempre es mejor entender la soledad, que huir de ella.

Santiago Restrepo Castillo


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