A cidade que esconde um futuro

1

Empaca las maletas.

Baja las escaleras.

Sale del edificio.

Hace una llamada.

Sube al taxi.

Contempla su universidad.

Aeropuerto.

Camina, no se la cree.

Adiós, abrazos, lágrimas, adiós, adiós, palmadas.

Su rostro adquiere gestos melancólicos que hace mucho tiempo no sentía, sabe que no quiere que los demás vean sus ojos cristalizados, cubre su cráneo con la capucha del buso naranja.

“Última llamada…”

Aborda.

Toma asiento, emprende el viaje.

Siente el frío de la ciudad capital, así como el vacío de lo inesperado.

Camina por el aeropuerto con su maleta en la espalda, si se viera a si mismo de lejos, se vería con ojos llenos de esperanza y empatía (por lo tierno que se contemplaría a si mismo)…

Un niño incompleto que camina en la terminal de un mundo civilizado.

Emigración.

Hamburguesas.

Llamadas.

Abordaje.

Después de tanto tiempo soñando con algo así, por fin sube a un avión, casi tan grande como el de su mundo onírico, toma asiento entre la multitud y se hunde en sus propios pensamientos.

Oscuridad, insomnio…

Brasil.

Desciende en Sao Paulo, sintiéndose fatigado y cansado, exhausto, inclusive con algo de ira (infantil) por lo incómodo que se siente.

Una lengua extraña de la que no guarda registro en su máquina cerebral, sus oídos no entienden las palabras que pronuncian los demás.

Esperar más.

Abordar.

Por fin, por fin poder dormir.

“Bem-vindos a Fortaleza”

El español ya no existe, todo es portugués e inglés, el lenguaje global.

Un niño incompleto sale de un avión diciendo “Obrigado” en señal de respeto, lleva consigo un morral en cuyo interior hay una laptop, unos retenedores y un brownie que compró en otro país. Sus ojos se posan en los edificios que yacen imponentes y prometedores en un lejano horizonte…dicha vista le agrada.

Bem-vindo, bem-vindo à Fortaleza, a cidade que esconde um futuro.

Santiago Restrepo Castillo


About this entry