La falta de una figura autoritaria, la falta de orientación

Cuando una persona se encuentra aún en medio de parte crítica de su más importante proceso de formación, por ejemplo, el final de la adolescencia, la presencia de una figura homogénea de autoridad es imprescindible.

¿A qué me refiero con figura homogénea?, pues a un ente similar, humano, tangible, palpable, contactable, al cual se pueda acudir con facilidad y del cual se pueda recibir orientación, ayuda.

Una verdadera figura de autoridad no es aquella que se limita a la imposición de reglas pero rara vez se le ve cumpliéndolas, no es alguien a quien podemos ver sin pena ni gloria como una persona que se auto-limita, no es alguien por quien no sentimos ninguna clase especial de respeto (quizás, sencillamente, porque según nuestros conceptos, no lo merece), ni alguien a quien no somos capaces de admirar, mucho menos alguien cuya posición no vemos y entendemos como superior.

Una verdadera figura de autoridad debe ser un motor, alguien capaz de plasmar en nuestras mentes una idea de lo ideal en nuestras vidas, alguien que nos motiva a seguir adelante, a seguir mejorando, a seguir aprendiendo y evolucionando. Una verdadera figura de autoridad nos indica el camino, nos hace sentir seguros, nos hace sentir la cercanía del éxito, y nos hace entender que es posible ser mejores, no sólo mejores estudiantes, o mejores deportistas, o mejores familiares, sino mejores seres humanos.

A parte de todo lo ya mencionado, la existencia de una figura de autoridad debe cumplir un requisito esencial: debe haber un vínculo emocional remarcable entre ella y la persona que necesita de su imagen.

En algún punto de nuestras vidas puede suceder que al mirar a nuestro alrededor no encontremos figura de autoridad alguna, no hay nadie que cumpla con todos aquellos requisitos, no hay nadie con quien compartamos un vínculo afectivo importante y que al mismo tiempo esté cerca, sea accesible, sea superior, nos haga sentir motivados, nos haga querer ir más allá de nuestras propias capacidades, nos haga sentir seguros y nos acerque a lo que es el éxito, personal, social, académico, laboral, etc.

¿Qué pasa cuando no hay figura de autoridad?, pues hay una pérdida importante en la orientación.

¿Orientación hacia qué?, hacia todo en general. Al no tener una figura superior en nuestras vidas, ¿a quién vamos a tomar como ejemplo cuando nos veamos enfrentados a una situación que, de aprovecharla, nos hará mejorar?, tal vez a nosotros mismos, y en eso no hay gracia alguna, así sólo se conseguirá estancarse en un estado de conformismo y auto-alabación.

Las figuras de autoridad son importantes, y a veces las cosas pueden ponerse un poco difíciles cuando no encontramos a ninguna en nuestras vidas, pero aún así, se debe intentar seguir el camino que creamos más adecuado. La paciencia, la disciplina y el espíritu emprendedor pueden, quizás, poco a poco, ir forjando en nosotros mismos la imagen de un ser superior, alguien que añoramos ser, alguien que admiramos, alguien que nos hace sentir seguros, una mejor persona, un yo futuro, un gran ser humano que…a fin de cuentas, quizás siempre ha estado en nuestro interior.

Santiago Restrepo Castillo


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