No sé…

Es un momento de esos en los que me encuentro y me pierdo…me encuentro perdido. Perdido quiero quedarme para no tener que darle la cara al mundo, perdido quiero sentirme para saber que soy un ser humano. Perdido quiero encontrarme porque…, ¿por qué?

Quisiera perderme en el viento, que me llevara consigo la brisa, que me quemaran los rayos del sol hasta convertirme en cenizas; quisiera que las estrellas me hablaran y poder volver a mi lecho. Quisiera, por una vez en la vida, saber a qué viene todo esto.

Perdido me encuentro, me encuentro perdido, y quedarme así quiero, pues a todo lo demás, sinceramente, no le veo sentido.

Quisiera esfumarme en medio de un suspiro, viajar con el viento hasta el cielo y olvidar que he existido. Olvidar quién he sido, olvidar lo que he sido.

Un preludio infinito, un preludio sin fin, un preludio que muere, agoniza y se rehusa a morir. Así me siento. Una melodía que se va quedando sin notas, una composición que se quedó a medias, un nocturno que se toca de día, una novena sinfonía.

El tiempo pasa y, con sorpresa, me empiezo a dar cuenta de lo rápido que llego a entender todo aquello que no debería saber hasta estar más cerca de la tumba de lo que ahora. Quizás la soledad y la ausencia…

Juventud ausente.

Vida fugitiva.

¿No debería, acaso, ser diferente?

Otro pensamiento esporádico.

Santiago Restrepo Castillo


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